Una moneda internacional se demuestra cuando falta
El euro, EUREP y la infraestructura invisible que sostiene la liquidez en una crisis

¿Qué sucede si un banco o un país necesita urgentemente euros y el mercado deja de proporcionárselos con normalidad? Mientras la financiación funciona, la pregunta parece secundaria. Un banco consigue euros en el mercado, una empresa refinancia sus obligaciones y un banco central extranjero puede administrar sus reservas sin grandes perturbaciones. Es durante una crisis cuando aparece la diferencia entre poseer activos denominados en una moneda y disponer de una infraestructura capaz de obtener esa moneda precisamente cuando todos quieren conservarla.
Philip Lane, miembro del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo, dedicó a esta cuestión su intervención del 21 de octubre en Shanghái. Su argumento —que representa sus propias opiniones y no una posición colectiva del Consejo de Gobierno— es que las líneas internacionales de liquidez pueden proteger la transmisión de la política monetaria y, al mismo tiempo, hacer más seguro mantener y utilizar activos denominados en euros. Para entender por qué, conviene apartarse primero del vocabulario geopolítico de la «desdolarización» y observar la mecánica de una crisis de liquidez.
Swap, repo y EUREP: tres palabras para evitar una venta forzosa
Un swap entre bancos centrales es, en esencia, un intercambio temporal de monedas. Dos instituciones entregan una divisa a cambio de otra y acuerdan revertir posteriormente la operación. El banco central que recibe euros puede distribuirlos después entre las entidades de su jurisdicción. El mecanismo crea así un puente entre el Eurosistema y un mercado financiero extranjero cuando los canales privados funcionan mal.
Un repo opera de manera distinta. El banco central extranjero obtiene euros entregando temporalmente determinados activos como garantía y comprometiéndose a recomprarlos. EUREP —la facilidad repo del Eurosistema para bancos centrales extranjeros— pertenece a esta segunda familia. Según la explicación ofrecida por Lane, su ampliación permite a bancos centrales elegibles obtener euros contra garantías de alta calidad denominadas en euros. Más de treinta bancos centrales habían expresado interés y los primeros procesos de incorporación habían terminado a comienzos de octubre.
La diferencia técnica es importante, pero ambos instrumentos responden a una preocupación común. Si una institución necesita euros en medio de una crisis y no puede obtenerlos, puede verse obligada a vender precipitadamente activos. Muchas ventas simultáneas deprimen precios, endurecen las condiciones financieras, elevan tipos de mercado y pueden terminar transmitiendo la tensión al propio sistema financiero europeo. Proporcionar liquidez no es, por tanto, solamente una política exterior monetaria: constituye también una forma de proteger la estabilidad y la transmisión de la política monetaria dentro de Europa.
Por qué una moneda necesita una red de seguridad
La internacionalización de una divisa suele discutirse como si dependiera únicamente de una decisión de cartera: gobiernos, inversores y empresas eligen dólares, euros u otras monedas y de la suma de esas preferencias resulta una jerarquía monetaria internacional. La realidad es más compleja. Utilizar ampliamente una moneda genera obligaciones financieras denominadas en ella, mercados de crédito, depósitos, contratos y cadenas de pagos. Cuanto mayor es esa red, más importante se vuelve poder conseguir la moneda en momentos de tensión.
Aquí aparece una de las fortalezas históricas del dólar. La Reserva Federal mantiene líneas permanentes de swap con el Banco Central Europeo, el Banco de Inglaterra, el Banco de Japón, el Banco de Canadá y el Banco Nacional Suizo. Su finalidad declarada es servir de respaldo ante tensiones en los mercados internacionales de financiación en dólares. La arquitectura es restringida en cuanto a contrapartes permanentes, pero se apoya sobre un sistema financiero cuya profundidad y utilización mundial siguen siendo excepcionales.
EUREP ofrece una fórmula diferente: acceso potencialmente más amplio a través de operaciones repo garantizadas con activos elegibles denominados en euros. Que una red sea más extensa en número de bancos centrales, sin embargo, no significa que la posición internacional del euro haya alcanzado la del dólar. Importan el volumen de las operaciones, la profundidad de los mercados, la disponibilidad de activos, la facturación comercial, el crédito transfronterizo, los sistemas de pagos y la confianza acumulada durante décadas.
Reservas no son pagos, y pagos no son crédito
Una de las mayores fuentes de confusión en el debate monetario consiste en utilizar indicadores distintos como si midieran una misma cosa. El FMI calculó que las reservas mundiales ascendían en el segundo trimestre de 2026 a 13,22 billones de dólares. La cuota de la moneda estadounidense descendió del 57,18 % al 56,70 %. El movimiento es real; convertirlo en prueba de un inminente abandono del dólar sería desproporcionado.
El euro presentaba al cierre de 2025 aproximadamente un 20,2 % de las reservas internacionales. Su peso alcanzaba, sin embargo, el 24,6 % en la medida estrecha de deuda internacional, el 21,7 % de los préstamos bancarios internacionales y el 17,3 % de los depósitos bancarios internacionales. Cada cifra responde a una pregunta diferente. Una moneda puede utilizarse mucho para emitir deuda y menos para mantener reservas; puede ser importante en crédito bancario sin dominar la facturación comercial; puede ganar cuota en un ámbito y perderla en otro.
Por eso la palabra «desdolarización» suele ocultar más de lo que explica. No existe una única variable capaz de decirnos si una moneda es internacional. Existen funciones distintas —reserva de valor, unidad de cuenta, medio de pago, moneda de crédito, denominación de deuda, facturación comercial— y cada una posee su propia dinámica.
La confianza también necesita mecanismos de emergencia
Las líneas de liquidez añaden una dimensión que las estadísticas de reservas no captan por sí solas. Un banco central puede estar dispuesto a mantener activos en euros si sabe que, llegado un episodio de tensión, dispone de una vía para obtener la moneda sin liquidarlos apresuradamente. En este sentido, la infraestructura de emergencia reduce uno de los costes potenciales de utilizar una divisa internacional.
La hipótesis de Lane es precisamente que una red de liquidez más robusta puede favorecer el uso del euro al hacerlo más resistente durante las crisis. La lógica económica resulta plausible; la causalidad todavía no está demostrada. Que EUREP se amplíe no implica automáticamente que bancos centrales, empresas o inversores eleven de manera permanente el peso del euro en sus decisiones.
La evidencia disponible describe mejor una internacionalización gradual y desigual que una sustitución del dólar. Hay indicadores favorables para el euro, otros mucho más estables y una diferencia todavía considerable respecto de la profundidad financiera que sostiene a la moneda estadounidense.
La enseñanza es menos espectacular que la retórica sobre el fin de una divisa dominante, pero probablemente más importante: una moneda internacional no se sostiene únicamente porque gobiernos o inversores quieran mantenerla; también necesita una infraestructura capaz de proporcionar liquidez cuando mantenerla se vuelve difícil. La ampliación de esa infraestructura puede reforzar al euro. Lo que los datos disponibles no permiten afirmar es que estemos asistiendo a la sustitución del dólar como principal moneda internacional.
Bibliografía
Philip Lane, discurso de 21 de octubre de 2026; Banco Central Europeo, International Role of the Euro 2026; Fondo Monetario Internacional, COFER, segundo trimestre de 2026; Reserva Federal, documentación institucional sobre líneas permanentes de swap.



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