Todos sabemos qué problemas tiene el país. En un bar incluso somos capaces de encontrarles solución. El problema comienza cuando termina el café: regresamos a nuestras vidas y dejamos la política en manos de quienes han aprendido que treinta segundos de indignación valen más que una hora de explicación. Todos lo hemos hecho. Lo llevamos dentro y, probablemente, sea imposible evitarlo. Nos encontramos en un bar con nuestros amigos más íntimos —aunque tampoco hace falta tanta c