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Groenlandia y el regreso del territorio al centro del poder

8 sept
6 min de lectura

La Unión Europea ha anunciado 200 millones de euros adicionales para Groenlandia durante 2026 y 2027. La cifra importa, pero explica poco por sí sola. Minerales, energía hidroeléctrica, comunicaciones, vivienda, pesca, seguridad y soberanía están convergiendo sobre un territorio cuya peculiar posición constitucional obliga, además, a abandonar dos simplificaciones opuestas: Groenlandia no es simplemente una provincia danesa, pero tampoco es un Estado plenamente soberano.

Paisaje de Groenlandia, territorio ártico estratégico por sus recursos, energía, seguridad y posición geopolítica

La política internacional tiene una inclinación periódica hacia la abstracción. Durante determinadas épocas parece que el poder puede explicarse mediante flujos financieros, normas, tecnología, organizaciones y cadenas globales de suministro sin conceder demasiada importancia a la geografía física. Groenlandia recuerda los límites de esa imaginación. Una masa territorial enorme, escasamente poblada y situada en el Ártico concentra hoy cuestiones de minerales, comunicaciones, energía, navegación, seguridad e inversión exterior que no pueden separarse fácilmente unas de otras.


La nueva declaración conjunta firmada el 7 de septiembre en Nuuk por representantes de la Unión Europea, Groenlandia y Dinamarca ofrece una expresión institucional de ese cambio. Junto a ella, la Comisión Europea anunció un paquete adicional de 200 millones de euros para 2026 y 2027 destinado a áreas que incluyen conectividad digital y por satélite, energía hidroeléctrica, materias primas críticas, vivienda, turismo sostenible, educación y pesca.


Interpretar el anuncio como una simple transferencia financiera perdería, por tanto, su significado. El dinero es el instrumento visible de algo más amplio: una creciente superposición entre capacidad económica, autonomía política, conocimiento del subsuelo, infraestructura y seguridad.


Un territorio dentro de un Reino, pero con poder propio


Para comprender Groenlandia es necesario empezar por su estatuto político. El autogobierno instaurado en 1979 fue ampliado mediante el Self-Government Act, vigente desde el 21 de junio de 2009. El resultado no encaja cómodamente en las categorías simplificadas con las que a menudo se describe un territorio dependiente.


Groenlandia forma parte del Reino de Dinamarca, pero dispone de un autogobierno amplio y puede ejercer o asumir competencias sustanciales. Entre las materias transferibles o transferidas se encuentran ámbitos como recursos minerales, justicia, policía, derecho societario, aviación, fronteras o determinadas cuestiones de regulación financiera. Existen, sin embargo, materias que permanecen en el ámbito del Reino y no pueden transferirse por ese procedimiento: la Constitución, la nacionalidad, el Tribunal Supremo, la política exterior, la defensa y la seguridad, y la política monetaria.


Incluso aquí la realidad institucional es más matizada de lo que sugiere una división binaria. Naalakkersuisut, el Gobierno groenlandés, dispone de facultades para concluir determinados acuerdos internacionales cuando afectan exclusivamente a materias enteramente transferidas. Groenlandia posee, pues, capacidad política exterior en ciertos ámbitos sin que eso equivalga a disponer de soberanía estatal plena sobre la política exterior del Reino.


Esta arquitectura explica por qué la discusión sobre el territorio no puede reducirse a quién aparece formalmente como soberano en un mapa. El poder efectivo se distribuye entre distintas competencias y entre diferentes niveles institucionales. La minería puede depender de decisiones groenlandesas en un grado que no se reproduce en defensa; un proyecto energético puede afectar directamente al autogobierno sin convertir a este en responsable último de toda la política de seguridad.


Entender esa distribución es esencial para interpretar cualquier inversión exterior. No existe una única autoridad que concentre todas las dimensiones que hacen hoy estratégica a Groenlandia.


Veinticuatro o veinticinco: una pequeña discrepancia que enseña una gran cautela


La discusión sobre las materias primas críticas muestra con especial claridad la importancia de comparar incluso las fuentes institucionales.


La Comisión Europea afirma que Groenlandia alberga 25 de las 34 materias primas incluidas en la lista europea de materias críticas. GEUS, el Servicio Geológico de Dinamarca y Groenlandia, cifra en 24 de 34 las identificadas en su evaluación.


No sabemos, con la documentación disponible, por qué existe esa diferencia. Puede derivarse de una metodología distinta, de criterios de clasificación o de alguna actualización; también podría responder a otra explicación que todavía no ha quedado establecida. Lo correcto, por tanto, no es escoger la cifra que mejor encaje en una narración, sino conservar ambas y reconocer la discrepancia.


El ejemplo es pequeño pero significativo. En la política de recursos naturales, las cifras adquieren con facilidad una apariencia de precisión absoluta. Sin embargo, saber que un territorio contiene «24» o «25» materias críticas depende de cómo se defina su presencia, de qué lista se utilice y de qué evaluación geológica se tome como referencia. El territorio físico no cambia porque dos organismos lo describan de forma diferente; cambia nuestro modo de convertir ese territorio en información utilizable.


Y ahí aparece otra forma de poder. Poseer un recurso potencial no es lo mismo que conocerlo con precisión; conocerlo no equivale a disponer de infraestructura para explotarlo; disponer de infraestructura tampoco garantiza capacidad financiera o política para decidir las condiciones de su utilización. Entre el subsuelo y el poder económico existe toda una cadena de conocimiento, capital, regulación y transporte.


Doscientos millones dentro de una relación mucho más larga


La relación entre Groenlandia y la Unión Europea no comenzó esta semana. Groenlandia abandonó la Comunidad Europea en 1985 y posteriormente ha mantenido diferentes mecanismos de asociación, cooperación financiera y relación pesquera. En 2023 firmó con la UE una asociación estratégica específicamente orientada a cadenas sostenibles de materias primas.


El paquete anunciado ahora debe leerse sobre ese fondo. La Comisión propone además elevar el marco futuro de apoyo para 2028-2034 a aproximadamente 530 millones de euros, aunque esa cantidad depende del futuro marco financiero y, por tanto, no debe describirse como dinero definitivamente comprometido. También existe un marco de cooperación europea para 2021-2027 que Reuters sitúa en aproximadamente 225 millones.


Estas cifras revelan continuidad, no solamente reacción inmediata.


Estados Unidos forma parte inevitablemente del contexto. Reuters y Associated Press han relacionado el reforzamiento de la atención europea con las reiteradas pretensiones estadounidenses sobre Groenlandia y con la discusión general sobre seguridad en el Ártico. Las conversaciones entre Washington, Copenhague y Nuuk no han producido, según la documentación disponible, un acuerdo respecto de aquellas pretensiones.


Pero convertir esa dimensión estadounidense en explicación automática de cada inversión europea produciría una causalidad que las fuentes no permiten demostrar. Los proyectos incluidos en la cooperación abarcan ámbitos cuya lógica antecede a la coyuntura actual: energía, comunicaciones, pesca, educación, vivienda o materias primas. Washington es un factor geopolítico relevante; no constituye una explicación probada para cada euro del paquete.


Esta distinción es especialmente importante porque la geopolítica contemporánea tiende a organizar cualquier acontecimiento alrededor de una rivalidad única. Groenlandia resulta más interesante precisamente porque obliga a pensar simultáneamente en soberanía, desarrollo económico, seguridad, recursos y autonomía local.


Poseer, conocer, financiar y decidir


El territorio siempre ha importado, pero las razones concretas de su importancia cambian. En el Ártico contemporáneo empiezan a superponerse transformaciones relacionadas con recursos naturales, comunicaciones, energía y seguridad que devuelven a la geografía una visibilidad estratégica inmediata.


Eso no significa que estemos ante una vuelta simple a una política territorial del pasado. El control contemporáneo es más complejo que la mera posesión jurídica. Un territorio puede formar parte de un Reino y disponer al mismo tiempo de una autonomía material muy considerable. Puede contener recursos y carecer de la infraestructura necesaria para explotarlos. Puede tener capacidad jurídica para decidir sobre una actividad pero depender de capital, tecnología, cartografía o redes logísticas proporcionadas desde el exterior.


La inversión europea en Groenlandia debe observarse dentro de esa arquitectura. La conectividad por satélite importa porque un territorio necesita comunicaciones; la energía hidroeléctrica importa porque la actividad económica necesita capacidad energética; la geología importa porque los recursos no pueden aprovecharse sin conocimiento; el capital importa porque la posibilidad jurídica de desarrollar un proyecto no lo financia; y la seguridad importa porque el Ártico no existe al margen de las estructuras políticas del Reino ni de sus relaciones exteriores.


El resultado es una superposición de poderes. Jurídico, porque existen competencias distribuidas entre Groenlandia y el Reino. Económico, porque la inversión condiciona qué proyectos pueden realizarse. Técnico, porque conocer y explotar un territorio requiere infraestructura y conocimiento. Geopolítico, porque otras potencias conceden al Ártico una importancia creciente.


El paquete de 200 millones desaparecerá antes o después de los titulares. La cuestión que revela permanecerá.


El Ártico está dejando de ser tratado únicamente como periferia y vuelve a recordarnos una realidad elemental: el territorio continúa importando. Pero controlarlo ya no significa simplemente poseerlo sobre el papel. Significa también conocerlo, conectarlo, financiarlo y conservar suficiente margen político para decidir qué hacer con él.


Groenlandia permite observar, casi en tiempo real, cómo esas distintas formas de poder comienzan a ocupar el mismo espacio.


Bibliografía

  • Comisión Europea: comunicado oficial sobre UE–Groenlandia, 7 de septiembre de 2026.

  • Unión Europea, Groenlandia y Dinamarca: declaración conjunta firmada en Nuuk el 7 de septiembre de 2026.

  • Act on Greenland Self-Government.

  • Oficina del Primer Ministro de Dinamarca: documentación oficial sobre el régimen de autogobierno groenlandés.

  • Comisión Europea: asociación estratégica UE–Groenlandia sobre cadenas sostenibles de materias primas, 30 de noviembre de 2023.

  • Geological Survey of Denmark and Greenland — GEUS: evaluación de materias primas críticas.

  • Joint Research Centre / Raw Materials Information System: lista europea de materias primas críticas.

  • Reuters, Associated Press y Financial Times: información de contraste sobre el contexto financiero y geopolítico.


Lecturas recomendadas

El Self-Government Act es la lectura imprescindible para comprender por qué las categorías «territorio danés» y «Estado soberano» resultan insuficientes por separado. Conviene acompañarlo con la asociación UE–Groenlandia de 2023 y con la documentación de GEUS y del Raw Materials Information System, que permiten observar cómo soberanía, geología y política industrial empiezan a relacionarse.

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