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Siria e Israel vuelven a hablar: en Oriente Medio, eso ya constituye un acontecimiento

  • hace 3 días
  • 5 min de lectura

La reunión celebrada en Jordania bajo mediación estadounidense no permite hablar de paz ni de un acuerdo histórico. Sí revela que dos actores enfrentados consideran útil explorar una nueva arquitectura de seguridad en una región cuyo equilibrio ha cambiado profundamente.


En diplomacia, una conversación puede ser insignificante o puede constituir el principio de un cambio estratégico. Distinguir una cosa de la otra exige resistirse a una de las mayores tentaciones del periodismo internacional: confundir la existencia de negociaciones con la proximidad de un acuerdo.


Siria e Israel celebraron el domingo una reunión de alto nivel en Jordania bajo mediación estadounidense. La existencia del encuentro ha sido confirmada por la agencia estatal siria SANA y corroborada por Reuters. La delegación siria estuvo encabezada por el ministro de Exteriores, Asaad al-Shaibani, y las conversaciones estuvieron orientadas, según la información disponible, a reducir tensiones y explorar una futura arquitectura de seguridad.


Eso es lo que sabemos.


No sabemos que exista un acuerdo definitivo. No sabemos cuál será el contenido final de un eventual entendimiento. No conocemos con precisión todos los compromisos discutidos y la propia negociación permanece abierta y sometida a intereses estatales que pueden cambiar.


Por ello, afirmar que Siria e Israel se aproximan a la paz sería ir mucho más allá de la evidencia. Pero considerar irrelevante el encuentro cometería el error contrario.


En una región donde los errores de cálculo pueden tener consecuencias militares inmediatas, la mera disposición a construir canales de comunicación puede poseer valor estratégico.


Después de Assad, Damasco necesita redefinir su entorno


La reunión no puede comprenderse sin el cambio político sirio posterior a la caída del régimen de Assad. El nuevo poder de Damasco debe desenvolverse en un territorio y un entorno regional sometidos a profundas presiones, y su política exterior necesita responder simultáneamente a necesidades internas de consolidación y a amenazas procedentes del exterior.


Israel, por su parte, mantiene prioridades de seguridad propias y ha realizado ataques recientes en territorio sirio. El encuentro celebrado en Jordania se produce precisamente después de uno de esos episodios y en un contexto en el que ambas partes poseen incentivos para reducir la posibilidad de una escalada no deseada sin que ello implique necesariamente una reconciliación política.


SANA presenta las conversaciones como parte de un esfuerzo de desescalada. Reuters ha informado asimismo de que Damasco aspira a que el proceso pueda terminar incorporando una retirada israelí de territorio sirio ocupado desde la caída de Assad.


La distancia entre un mecanismo de seguridad y un acuerdo territorial o político completo es enorme.


Ese espacio intermedio es, precisamente, el que debe analizarse.


El precedente de 1974 y el peso de una frontera nunca resuelta


La arquitectura fronteriza entre ambos países sigue inevitablemente vinculada al dispositivo establecido en 1974, referencia histórica que continúa condicionando cualquier discusión contemporánea sobre seguridad, separación de fuerzas y control territorial.


El hecho de que las conversaciones actuales vuelvan a plantearse en términos de una posible «arquitectura de seguridad» indica que la prioridad inmediata no parece ser construir una relación política normalizada, sino encontrar mecanismos que reduzcan la posibilidad de enfrentamientos, delimiten expectativas y hagan más previsible el comportamiento de las partes.

Esa diferencia es fundamental.


La paz es un concepto político mucho más amplio que la seguridad. Dos Estados pueden establecer canales de coordinación, reglas de desescalada o entendimientos operativos sin haber resuelto sus disputas fundamentales. De hecho, en conflictos prolongados, tales mecanismos suelen adquirir importancia precisamente porque las discrepancias centrales continúan abiertas.


Siria puede aspirar a recuperar control y capacidad de negociación sobre su territorio. Israel puede buscar garantías de seguridad frente a amenazas percibidas. Ambas pretensiones pueden ser parcialmente compatibles en determinados aspectos y completamente incompatibles en otros.


La reunión no elimina esa contradicción. La administra.


Estados Unidos vuelve a ocupar la mesa


El otro elemento inequívoco es la mediación estadounidense.


Que Washington actúe como intermediario significa que las conversaciones no son únicamente bilaterales. Forman parte de un equilibrio regional más amplio en el que las potencias externas y los Estados vecinos condicionan las posibilidades de cada actor.


Jordania aporta el espacio de encuentro. Estados Unidos ejerce la mediación. Turquía aparece inevitablemente dentro de la ecuación regional, aunque la información disponible no permite definir con precisión qué papel desempeñará en el eventual diseño de seguridad.


Esa incertidumbre merece conservarse en lugar de rellenarla artificialmente.


La presencia turca en las preguntas abiertas del proceso ilustra, en todo caso, hasta qué punto la cuestión sirio-israelí ya no puede interpretarse como un conflicto aislado entre dos Estados. La evolución del poder en Siria, las prioridades israelíes, los intereses estadounidenses y la influencia de los países vecinos forman parte de un mismo sistema.


Por eso cualquier acuerdo de seguridad que aspire a ser duradero deberá ser compatible con algo más complejo que la voluntad inmediata de quienes se sientan a una mesa.


Lo que cada parte puede obtener sin concederlo todo


Las negociaciones de seguridad son posibles precisamente porque no exigen resolver de una vez todos los desacuerdos existentes.


Para Siria, una reducción de ataques y un marco más previsible puede contribuir a estabilizar un país que atraviesa una etapa de reconstrucción del poder político. Para Israel, un mecanismo capaz de reducir incertidumbres en su frontera y contener amenazas puede poseer valor independientemente de que no exista una relación diplomática plenamente normalizada.


Estados Unidos, mientras tanto, tiene incentivos para reducir focos de escalada en una región donde los conflictos locales pueden adquirir rápidamente dimensiones mayores.


Esto no significa que los objetivos sean compatibles en su totalidad. Significa únicamente que puede existir un espacio donde el interés de todas las partes por evitar determinados resultados sea suficiente para mantener una negociación.


La diplomacia no exige amistad. Exige incentivos.


La importancia de poder llamar antes de disparar


Es posible que las conversaciones no produzcan un acuerdo. Es posible que generen un entendimiento limitado. También es posible que se interrumpan y deban reanudarse más adelante.


Ninguno de esos escenarios puede anticiparse con la documentación existente.


Pero incluso sin un acuerdo definitivo, la existencia de canales relativamente estables puede modificar el comportamiento de actores que hasta ahora han debido interpretar las acciones del contrario en condiciones de enorme incertidumbre.


En relaciones internacionales, una de las causas más peligrosas de escalada no es siempre la voluntad deliberada de iniciar un conflicto, sino la interpretación equivocada de intenciones, señales o movimientos militares.


Por eso hablar importa.


No porque una conversación convierta adversarios en aliados, ni porque una reunión en Jordania anuncie el final de décadas de hostilidad, sino porque reduce —si consigue institucionalizarse— la cantidad de decisiones que deben tomarse en la oscuridad.


Siria e Israel no están en paz porque hayan vuelto a sentarse ante un mediador. Tampoco sabemos si llegarán a estarlo.


Lo que sí sabemos es que, en una región donde el silencio entre adversarios puede resultar extraordinariamente peligroso, establecer un lenguaje común para gestionar el desacuerdo puede ser una forma modesta, pero real, de seguridad.


Bibliografía


  • SANA, confirmación de la reunión sirio-israelí celebrada bajo mediación estadounidense.

  • Reuters, información sobre las conversaciones, sus objetivos inmediatos y las aspiraciones expresadas por Damasco.

  • Axios, referencias atribuidas sobre el proceso diplomático, utilizadas únicamente cuando su procedencia está claramente identificada.


Lecturas recomendadas


  • Cobertura de SANA para conocer la posición oficial siria sobre el encuentro.

  • Información de Reuters sobre el proceso de negociación y sus principales incertidumbres.

  • Documentación relativa al marco de separación de fuerzas establecido en 1974, como antecedente imprescindible para comprender cualquier futura arquitectura de seguridad.

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