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Pontes: El dinero del Banco Central enre en los mercados tokenizados

24 sept
7 min de lectura

El Eurosistema ha puesto en marcha una infraestructura que permite liquidar operaciones mayoristas con activos tokenizados empleando dinero de banco central. El cambio no consiste en convertir el euro en una criptomoneda, sino en intentar que una nueva forma de representar los activos financieros no obligue a abandonar el activo de liquidación sobre el que descansa el sistema monetario europeo.

Infraestructura Pontes del Eurosistema para liquidar operaciones con activos tokenizados mediante dinero de banco central.

Hay una pregunta elemental que suele desaparecer bajo el vocabulario de la innovación financiera: cuando alguien compra un activo, ¿con qué dinero se paga realmente la operación? En los mercados tradicionales, detrás de una arquitectura extraordinariamente compleja de bancos, depositarios, cámaras, plataformas y sistemas de pagos existe una distinción decisiva entre el activo negociado y el activo utilizado para extinguir definitivamente la obligación de pago. La tokenización puede modificar profundamente la forma en que se emiten, transmiten y administran determinados valores; pero no elimina esa pregunta. Al contrario: la hace más importante. Si un bono, una participación o cualquier otro activo financiero pasa a representarse mediante un token en una infraestructura basada en tecnología de registro distribuido —DLT—, sigue siendo necesario determinar qué recibe finalmente el vendedor a cambio.


Pontes es la respuesta de corto plazo que el Eurosistema ha construido para ese problema. El 21 de septiembre de 2026, el Banco Central Europeo confirmó su lanzamiento: la solución conecta plataformas de mercado basadas en DLT con los servicios TARGET y permite que determinadas operaciones mayoristas con activos tokenizados se liquiden en dinero de banco central. El BCE comunicó asimismo que un primer grupo de entidades e infraestructuras había completado ya su incorporación y estaba preparado para comenzar a utilizar el sistema, mientras que nuevas funcionalidades y participantes se añadirán gradualmente.


La precisión es importante porque Pontes no es el euro digital destinado al público general, ni una stablecoin, ni Bitcoin, ni la sustitución de los depósitos bancarios por una nueva moneda. Tampoco supone que TARGET haya sido abandonado en favor de una cadena de bloques. Es, en términos más exactos, una arquitectura de conexión entre dos mundos que hasta ahora podían desarrollarse por caminos separados: las nuevas infraestructuras en las que se representan y transfieren activos mediante DLT y los sistemas del Eurosistema en los que los bancos liquidan obligaciones utilizando dinero del banco central.


El activo puede cambiar de forma; la deuda continúa necesitando un pago


La tokenización consiste, en este contexto, en representar un activo mediante una unidad digital registrada en una infraestructura tecnológica determinada. Su interés potencial no reside únicamente en reemplazar un registro por otro. Una plataforma suficientemente desarrollada podría combinar distintas fases que hoy aparecen separadas —emisión, negociación, liquidación, custodia o administración del activo— e introducir automatización mediante reglas programables. El BCE considera que estas posibilidades pueden reducir fricciones y favorecer nuevos modelos de mercado, aunque su materialización efectiva dependerá de la tecnología, los costes de adaptación y la adopción por parte de intermediarios e inversores.


El problema aparece cuando se intenta llevar al terreno del dinero esa misma transformación. Una transacción financiera contiene, de manera simplificada, dos movimientos: el activo pasa del vendedor al comprador y el dinero pasa del comprador al vendedor. La seguridad del proceso exige que ambos movimientos estén coordinados. Es el principio conocido como entrega contra pago: evitar que una parte entregue aquello que vende sin recibir simultáneamente aquello que le corresponde.

La cuestión no es meramente tecnológica. También es económica y jurídica. Una operación necesita un momento en el que las obligaciones puedan considerarse definitivamente satisfechas. Esa finalidad de liquidación reduce la incertidumbre sobre quién posee el activo, quién ha cobrado y en qué instante la transferencia deja de estar pendiente. Si la representación del valor cambia pero el mecanismo de pago queda fuera de esa nueva infraestructura, reaparece una separación que puede restar parte de las ventajas atribuidas a la tokenización. Si, por el contrario, activo y dinero se trasladan a entornos privados sin conexión adecuada con el sistema monetario público, surge otra cuestión: qué clase de dinero está sirviendo como activo final de liquidación.


Ahí se encuentra el verdadero sentido institucional de Pontes.


Dinero público en un mercado construido por actores privados


En una economía moderna conviven distintas formas de dinero. Los depósitos que hogares y empresas mantienen en bancos comerciales son pasivos de esas entidades privadas. El dinero utilizado por los bancos para liquidar entre sí determinadas obligaciones puede, en cambio, adoptar la forma de reservas del banco central. La diferencia resulta poco visible para el ciudadano en circunstancias normales, pero adquiere una enorme relevancia en la arquitectura del sistema financiero: el dinero del banco central funciona como activo de liquidación libre del riesgo de crédito de un banco comercial concreto.


La transformación tecnológica de los mercados plantea así una cuestión que trasciende a la tecnología: si una parte creciente de los valores financieros comienza a circular en nuevas infraestructuras digitales, ¿debe el activo utilizado para liquidarlos desplazarse también hacia soluciones privadas o puede conservarse el anclaje en dinero del banco central?


Los experimentos realizados por el Eurosistema en 2024 proporcionaron el antecedente inmediato. Aquellas pruebas estudiaron cómo liquidar operaciones basadas en DLT con dinero de banco central y permitieron comparar distintas aproximaciones técnicas. El BCE ha señalado posteriormente que el acceso a un activo de liquidación público y de bajo riesgo fue identificado por los participantes como una condición importante para el desarrollo de estos mercados. En aquellas pruebas se llevaron a cabo decenas de experimentos con participantes públicos y privados; la experiencia se convirtió después en una de las bases sobre las que se diseñó Pontes.


Desde esa perspectiva, el propósito del sistema no consiste en que el banco central monopolice la innovación. Las plataformas DLT pueden continuar siendo desarrolladas por distintos operadores. Lo que intenta proporcionar el Eurosistema es un punto común de conexión con su propia infraestructura monetaria.


Interoperabilidad: la prueba que importa después del lanzamiento


El término decisivo será probablemente interoperabilidad. Una innovación financiera resulta mucho menos valiosa si funciona únicamente dentro de una infraestructura cerrada. El mercado europeo contiene bancos, depositarios, emisores, plataformas tecnológicas y sistemas nacionales e internacionales que deben poder relacionarse entre sí. Si cada nueva red tokenizada exigiera su propia forma de dinero, sus propios procedimientos y su propio universo de participantes, la digitalización podría terminar produciendo justamente aquello que pretendía reducir: fragmentación.


Pontes intenta evitarlo funcionando como puente entre las plataformas DLT del mercado y TARGET. Su diseño no presupone, por tanto, una única cadena de bloques europea. El objetivo es permitir que infraestructuras diferentes puedan conectarse con servicios comunes de liquidación. El propio programa del Eurosistema distingue esta solución inicial de Appia, la iniciativa de horizonte más largo con la que pretende estudiar una arquitectura europea más amplia para los mercados tokenizados. La documentación publicada en 2026 presenta ambas piezas como partes de una misma estrategia: Pontes aporta una solución operativa inicial; Appia debe desarrollar una visión de más largo alcance.


Ese diseño contiene una ventaja potencial y, al mismo tiempo, una dificultad. Preservar las infraestructuras existentes reduce la necesidad de reconstruir desde cero el sistema de liquidación europeo; pero conectar sistemas antiguos y nuevos puede limitar precisamente algunas de las eficiencias que se atribuyen a arquitecturas íntegramente digitales. El ahorro económico, por consiguiente, no puede deducirse de la mera existencia de la tecnología. Dependerá de costes de conexión, volúmenes, normalización, automatización efectiva y capacidad para eliminar procesos redundantes.


Los bancos centrales también responden a un problema de coordinación


Existe además un problema clásico de incentivos. Una infraestructura financiera posee fuertes efectos de red: resulta más útil cuantos más participantes la utilizan. Pero esos mismos participantes pueden mostrarse reacios a asumir el coste de adaptación mientras no sepan si los demás harán lo propio. Bancos, mercados e infraestructuras pueden considerar prometedora una tecnología y, aun así, posponer inversiones si temen terminar conectados a una plataforma con poca actividad.


La intervención del Eurosistema modifica parcialmente ese cálculo. No garantiza el éxito comercial de la tokenización, pero proporciona una referencia institucional común y reduce una de las incógnitas: la posibilidad de utilizar dinero de banco central para la liquidación de determinadas operaciones.


El lanzamiento ofrece ya alguna información sobre la respuesta inicial del mercado. El BCE identificó entre los participantes incorporados a entidades como Santander, Deutsche Bank, Cecabank, Société Générale, el Banco Europeo de Inversiones o KfW, junto con operadores DLT como Clearstream, Cashlink, Axiology y SWIAT. Esto acredita interés institucional; no acredita todavía adopción masiva. El propio Eurosistema prevé una incorporación gradual y nuevas funcionalidades durante los próximos años.


Innovar sin cambiar inadvertidamente la naturaleza del dinero


La cuestión de fondo rebasa a Pontes. La historia de los sistemas monetarios muestra que las innovaciones en pagos y crédito pueden alterar la relación entre dinero público y dinero privado incluso cuando no existe una decisión explícita de hacerlo. Si una parte significativa de la actividad financiera emigrara hacia nuevas infraestructuras y estas utilizaran exclusivamente activos privados de liquidación, la presencia del dinero del banco central en el núcleo de los mercados mayoristas podría reducirse.


Para un banco central, por tanto, la neutralidad tecnológica absoluta no consiste necesariamente en permanecer inmóvil. Puede exigir adaptar sus servicios para que el desarrollo de nuevas formas de mercado no determine por sí solo qué clase de dinero terminará empleándose en ellas.


El BCE ha llevado esa lógica un paso más allá al anunciar trabajos preparatorios para invertir una pequeña parte de sus fondos propios en valores tokenizados denominados en euros, cuyas operaciones se liquidarían mediante Pontes. El objetivo declarado es adquirir experiencia práctica como participante en todo el ciclo de inversión, no ejecutar política monetaria mediante esos activos.


Un puente, no una revolución consumada


Pontes importa precisamente porque su significado es más limitado —y más concreto— que muchas de las proclamaciones asociadas durante años a la cadena de bloques. Europa no ha sustituido su sistema financiero por una infraestructura descentralizada. El euro no se ha convertido en una criptomoneda. El banco central tampoco ha decidido que todos los valores del futuro deban emitirse mediante DLT.


Lo que ha ocurrido es institucionalmente más interesante. El Eurosistema ha aceptado que los mercados financieros pueden experimentar con nuevas formas de representar y transferir activos y, al mismo tiempo, ha decidido que esa experimentación no debe obligar necesariamente a abandonar el dinero de banco central como activo final de liquidación.


El lanzamiento resuelve así una pregunta —Pontes existe ya como infraestructura operativa— y abre otras mucho más difíciles. Habrá que comprobar cuántas entidades lo utilizan, qué operaciones migran realmente hacia mercados tokenizados, cuánto cuesta la interoperabilidad, qué eficiencias sobreviven cuando la innovación abandona el laboratorio y alcanza escala, y si los participantes encuentran suficientes ventajas para justificar la adaptación de sus sistemas.


La tecnología ha llegado al mercado. Su utilidad económica todavía tendrá que demostrarse.


Bibliografía

  • Banco Central Europeo, Eurosystem brings central bank money to tokenised finance, 21 de septiembre de 2026.

  • Banco Central Europeo, Pontes, documentación institucional y cronología del proyecto.

  • Eurosistema, Pontes Pilot: Business Description Document.

  • Banco Central Europeo, documentación sobre las pruebas de liquidación mayorista con DLT y estrategia Pontes-Appia.

  • Banco Central Europeo, Project Agorá.

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