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La vuelta al mundo que no salió a buscar la vuelta al mundo

8 sept
7 min de lectura

El 6 de septiembre de 1522 la Victoria llegó a Sanlúcar; el día 8 alcanzó Sevilla. Cuatro años después de haber partido, la expedición iniciada por Magallanes regresaba bajo el mando de Juan Sebastián Elcano después de completar por primera vez un circuito marítimo alrededor del planeta. Su importancia histórica es suficientemente extraordinaria para no necesitar uno de los mitos que con mayor frecuencia se le han añadido: aquella empresa no partió para demostrar que la Tierra era redonda ni concibió originalmente la circunnavegación como su objetivo.

Nao Victoria, barco con el que Juan Sebastián Elcano culminó la primera vuelta al mundo en 1522

Hay fechas cuyo significado se vuelve menos preciso cuanto más se conmemoran. La llegada de la nao Victoria constituye una de ellas. La fórmula habitual recuerda que Juan Sebastián Elcano culminó la primera vuelta al mundo en septiembre de 1522, pero esa condensación acaba por borrar dos días diferentes y dos lugares distintos: el 6 de septiembre la nave alcanzó Sanlúcar de Barrameda; el 8 llegó finalmente a Sevilla. No se trata de una minucia cronológica. La carta enviada por el propio Elcano desde Sanlúcar está fechada el día 6 y constituye precisamente uno de los documentos que permiten reconstruir la expedición sin depender de las sucesivas capas de simplificación incorporadas después a su memoria.


También su propósito original merece una precisión semejante. La armada que salió de Sevilla el 10 de agosto de 1519 y emprendió definitivamente el viaje marítimo desde Sanlúcar el 20 de septiembre no zarpó con el objetivo declarado de circunnavegar el planeta. Fernando de Magallanes pretendía alcanzar por occidente las islas de las especias, especialmente las Molucas, dentro de una competencia económica y geopolítica en la que las Coronas ibéricas trataban de determinar las posibilidades prácticas abiertas por la expansión oceánica y por la división de áreas de navegación derivada del Tratado de Tordesillas. El problema era, por tanto, comercial, marítimo y político antes que conmemorativo: encontrar una ruta occidental hacia unas islas cuyo acceso podía modificar el comercio de productos extraordinariamente valiosos.


Magallanes comenzó una empresa que Elcano terminó convirtiendo en otra cosa


Reducir la expedición a Elcano sería tan engañoso como reducirla a Magallanes. El navegante portugués organizó y dirigió la empresa inicial al servicio de Carlos I y condujo las naves durante la parte decisiva del descubrimiento de una ruta occidental. No regresó. Murió en Mactán el 27 de abril de 1521, mucho antes de que pudiera saberse que una de aquellas embarcaciones terminaría completando el circuito del mundo.


Elcano pertenece a la segunda parte de la historia. Una vez alcanzadas las Molucas, la Victoria emprendió bajo su mando el regreso por el Índico. Lo extraordinario de la expedición surgió precisamente de esa continuidad: una empresa concebida para alcanzar las especias por occidente acabó regresando a su lugar de origen después de haber recorrido el planeta en una sola dirección general. El resultado fue superior, en significado geográfico, al propósito inicial.


Esta distinción importa porque permite comprender la naturaleza de muchos acontecimientos históricos. Los protagonistas actúan con unos objetivos determinados, pero las consecuencias de sus acciones no tienen por qué coincidir con ellos. La circunnavegación no necesita haber sido el proyecto inicial para constituir después la característica decisiva de la expedición. Tampoco el hecho de que Magallanes muriese antes de completar el viaje disminuye su papel en la empresa; del mismo modo, reconocer su protagonismo inicial no resta importancia al mando de Elcano en el regreso de la Victoria. La historia resulta más inteligible cuando abandona la necesidad de atribuir una hazaña compleja a una sola voluntad.


Algo semejante sucede con la imagen de la expedición como empresa exclusivamente española en su composición humana. Fue patrocinada por la Corona española, pero sus tripulaciones eran internacionales. Un estudio del Instituto de Historia y Cultura Naval, utilizando denominaciones nacionales actuales para describir procedencias históricas, identifica hombres procedentes de España, Portugal, Italia, Francia, Grecia, Alemania, Bélgica, Países Bajos y Reino Unido. La expansión marítima de comienzos del siglo XVI movilizaba conocimientos, oficios y marineros mucho más allá de fronteras que, además, no deben proyectarse retrospectivamente sobre el pasado como si fueran idénticas a las contemporáneas.


Ni siquiera sabemos reducir la expedición a una cifra única


La aparente sencillez de una pregunta —¿cuántos hombres partieron?— permite observar hasta qué punto el archivo obliga a ser prudente. Una inspección previa a la salida registró 239 hombres. Sin embargo, la documentación no es uniforme y la historiografía ha manejado 243 y otras cifras superiores, llegando algunos recuentos hasta 265 dependiendo del momento documental escogido, la nómina utilizada y el criterio de inclusión.


No existe ninguna necesidad intelectual de ocultar esa discrepancia. Al contrario: reconocerla enseña más sobre cómo se construye el conocimiento histórico que fingir una exactitud inexistente. Las expediciones de aquella época no generaron una única base de datos cerrada y preparada para responder a las preguntas de cinco siglos después. Existen nóminas, inspecciones, salarios, declaraciones y otros documentos, y su comparación puede producir resultados diferentes porque no siempre describen exactamente la misma realidad ni el mismo instante.


También merece cuidado otra de las cifras más conocidas: los 18 hombres que tradicionalmente aparecen como quienes completaron la circunnavegación a bordo de la Victoria. La lista identifica a Juan Sebastián de Elcano, Francisco Albo, Martín de Yudicibus, Hernando de Bustamante, Antonio Lombardo —Pigafetta—, Miguel de Rodas, Juan de Acurio, Aires, Juan de Zubileta, Diego Gallego, Nicolás de Nápoles, Miguel Sánchez de Rodas, Francisco Rodríguez, Juan Rodríguez de Huelva, Antón Fernández Colmenero, Juan de Arratia o Arrautia, Juan de Santander y Vasco Gómez Gallego, con variaciones de grafía entre documentos y estudios.


Pero tampoco aquí conviene convertir una fórmula tradicional en una afirmación más amplia de lo que permiten las fuentes. Algunas referencias institucionales y trabajos documentales señalan que llegaron además al menos tres personas procedentes de las Molucas. Por eso, hablar sin más de «18 supervivientes» puede confundir dos cuestiones diferentes: los 18 expedicionarios europeos tradicionalmente enumerados y el número total de seres humanos que desembarcaron de la nave. La diferencia no altera la hazaña; mejora su descripción.


La Tierra no necesitaba que Elcano demostrase su esfericidad


Entre las simplificaciones posteriores, pocas resultan tan persistentes como la afirmación de que el viaje «demostró que la Tierra era redonda». La frase posee eficacia escolar, pero describe mal el estado del conocimiento que precedió a la expedición. La esfericidad terrestre era conocida desde la Antigüedad. No era esa la cuestión cuya resolución esperaba a Magallanes, Elcano y sus compañeros.


Lo que sí ocurrió en 1522 era históricamente nuevo: seres humanos habían completado efectivamente, por vía marítima, un circuito alrededor de la Tierra.


La diferencia entre ambas afirmaciones es fundamental. Una cosa es poseer un conocimiento acerca de la forma general del planeta; otra, experimentar físicamente su extensión, recorrer sus océanos, comprobar la continuidad de determinadas rutas y enfrentarse a las distancias reales que separaban regiones cuya relación se había pensado previamente mediante cálculos, mapas y conjeturas. La primera circunnavegación no convirtió una Tierra plana en una Tierra esférica. Transformó conocimientos geográficos anteriores en experiencia marítima acumulada.


Esa experiencia, además, tenía consecuencias prácticas. El viaje había nacido de la búsqueda de las especias y de la disputa por las Molucas. Es decir, desde su origen vinculaba geografía y economía. Saber dónde estaba un territorio no equivalía a saber comerciar con él; conocer aproximadamente la configuración del mundo no equivalía a disponer de una ruta practicable; calcular una distancia tampoco equivalía a soportarla con una tripulación, víveres, embarcaciones y medios de navegación del siglo XVI. La expedición puso en relación todas esas dimensiones.


Por eso la primera circunnavegación ocupa un lugar singular en la historia del conocimiento. No porque aportara una revelación geométrica desconocida, sino porque convirtió el mundo entero en una experiencia náutica posible. Mostró de una manera que ningún razonamiento abstracto podía sustituir cuánto separaban realmente unos océanos de otros y qué significaba tratar de mantener un viaje durante años a través de ellos.


Una hazaña que mejora cuando se le quitan los adornos


La tentación de embellecer los grandes acontecimientos suele partir de una desconfianza paradójica hacia ellos: se teme que la realidad, por sí sola, no resulte suficientemente impresionante. En el caso de la expedición de Magallanes y Elcano ocurre exactamente lo contrario. Cuanto más precisa se vuelve la documentación, mayor aparece su dimensión.


No salió para demostrar que la Tierra fuese redonda. No puede resumirse sin más como la realización de un plan concebido desde el primer día para circunnavegarla. No tuvo una tripulación cuya composición pueda reducirse sin discusión a una única cifra. Tampoco los célebres 18 deben confundirse automáticamente con todas las personas que llegaron a bordo de la Victoria. Magallanes inició la empresa y murió durante ella; Elcano condujo la nave que finalmente regresó. Sanlúcar fue alcanzada el día 6; Sevilla, el día 8.


Nada de eso empequeñece la historia. La vuelve más extraordinaria porque permite comprender qué ocurrió realmente.


La primera circunnavegación convirtió conocimientos, cálculos y conjeturas anteriores en experiencia marítima efectiva y reveló en toda su crudeza la escala de un planeta que era intelectualmente concebible antes de ser humanamente recorrido. Después de aquella expedición, las posibilidades imaginables de la navegación, el comercio y la representación geográfica no podían ser exactamente las mismas.


La grandeza intelectual de la empresa reside precisamente ahí. Cuanto mejor se documenta la hazaña, menos necesita ser embellecida.


Bibliografía

  • Archivo General de Indias: carta de Juan Sebastián Elcano fechada en Sanlúcar de Barrameda el 6 de septiembre de 1522.

  • Archivo General de Indias: documentación de la Casa de la Contratación relativa a capitulaciones, instrucciones, tripulaciones, salarios, declaraciones y correspondencia de la expedición.

  • Francisco Albo: Derrotero de la expedición.

  • Ministerio de Cultura de España / Archivo General de Indias: documentación institucional sobre la primera circunnavegación.

  • Instituto de Historia y Cultura Naval: estudios documentales sobre la composición y número de las tripulaciones.

  • UNESCO: documentación institucional sobre la expedición de Magallanes y Elcano.


Lecturas recomendadas

Para aproximarse a la expedición desde las fuentes antes que desde su leyenda, conviene comenzar por la carta de Elcano y por el Derrotero de Francisco Albo; después, contrastar las distintas nóminas y documentos de tripulación conservados en el Archivo General de Indias. Los estudios del Instituto de Historia y Cultura Naval resultan especialmente útiles para comprender por qué las cifras de participantes no coinciden siempre y cómo debe tratarse esa incertidumbre documental.

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