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El Niño y el arte de decidir bajo incertidumbre

  • 6 ago
  • 8 min de lectura

Actualizado: 7 ago

Una probabilidad del 97 % no permite anticipar cada sequía o inundación, pero sí justifica preparación, vigilancia y decisiones proporcionales a la evidencia

El Centro de Predicción Climática de NOAA informó el 5 de agosto de que El Niño continuaba fortaleciéndose y le atribuyó una probabilidad del 97 % de persistir hasta comienzos de la primavera de 2027. El índice semanal Niño 3.4 alcanzó una anomalía de +1,2 °C. La siguiente actualización estaba prevista para el 13 de agosto.


Una cifra semejante puede inducir a una lectura equivocada. El 97 % no significa que exista una probabilidad equivalente de sequía, inundación, ola de calor o cualquier otro episodio extremo en una región determinada. Se refiere exclusivamente a la persistencia prevista de El Niño.


La distinción es fundamental. Un pronóstico global puede alcanzar un grado muy elevado de confianza y, al mismo tiempo, dejar abierta una parte sustancial de sus consecuencias locales. Saber que un fenómeno probablemente continuará no equivale a saber con exactitud qué efectos producirá en cada territorio.


El verdadero interés de la previsión reside precisamente ahí: en comprender cómo funciona el conocimiento probabilístico y por qué la incertidumbre científica no constituye una forma de ignorancia.


Agricultores, empresas energéticas, aseguradoras, servicios sanitarios y responsables de emergencias deben tomar decisiones antes de conocer con precisión todos los acontecimientos futuros. La prudencia consiste en adecuar la preparación a la evidencia disponible: ni transformar probabilidades en certezas ni utilizar la imposibilidad de prever cada detalle como pretexto para la inacción.


Qué es El Niño


El Niño es un fenómeno climático relacionado con alteraciones de las condiciones del Pacífico ecuatorial y de la interacción entre el océano y la atmósfera.


La información disponible describe un fortalecimiento de las anomalías cálidas en amplias zonas del Pacífico y señala unas condiciones oceánicas y subsuperficiales favorables al desarrollo del episodio. La Organización Meteorológica Mundial ya había advertido en junio de la conveniencia de preparar respuestas ante su evolución.


Su influencia puede extenderse a escala planetaria, pero sus consecuencias no son uniformes. Las alteraciones producidas en el Pacífico modifican las probabilidades de determinados patrones meteorológicos en distintas regiones, sin imponer necesariamente el mismo resultado en todas ellas.


Esta precisión evita uno de los errores más frecuentes en la interpretación pública del fenómeno: convertir El Niño en explicación automática de cualquier acontecimiento meteorológico extremo.


Su existencia modifica el contexto climático. No convierte cada sequía, inundación o temperatura excepcional en una consecuencia directa y exclusiva del mismo.


Cómo se mide


NOAA comunicó un valor semanal de +1,2 °C para el índice Niño 3.4. También se habían observado anomalías superiores a +1 °C en amplias zonas del Pacífico ecuatorial y temperaturas subsuperficiales de hasta 6 °C por encima de la media en determinadas áreas, según la Organización Meteorológica Mundial.


El índice Niño 3.4 constituye una de las referencias cuantitativas utilizadas para describir las condiciones térmicas de una zona del Pacífico ecuatorial. Su valor expresa una anomalía, es decir, la diferencia entre la temperatura observada y una media de referencia.


Un valor positivo indica temperaturas superiores a esa referencia. Pero ningún índice aislado agota el diagnóstico. La evaluación incorpora asimismo la evolución de las aguas oceánicas, el calor acumulado bajo la superficie y la interacción entre océano y atmósfera.


Conviene, además, distinguir dos categorías diferentes.


El valor de +1,2 °C describe el estado observado del fenómeno en el momento de la actualización. El 97 %, por el contrario, expresa una estimación sobre su evolución futura.


Una cifra pertenece a la observación; la otra, al pronóstico.


Confundir ambas categorías conduce a interpretar una evaluación probabilística como si fuera una descripción anticipada de hechos inevitables.


Qué significa realmente una probabilidad del 97 %


Una probabilidad del 97 % significa que, según la evaluación de NOAA, la persistencia de El Niño hasta comienzos de la primavera de 2027 constituye, con gran diferencia, el escenario considerado más probable.


No significa que el futuro esté determinado.


Subsiste un margen de incertidumbre incluso respecto de la continuidad general del fenómeno. Pero, sobre todo, la elevada confianza sobre su persistencia no puede trasladarse automáticamente a cada una de sus posibles consecuencias regionales.


Es perfectamente coherente disponer de una confianza muy alta acerca de la permanencia de El Niño y de una confianza sensiblemente menor acerca de la intensidad de sus efectos en un territorio concreto.


Se trata de preguntas distintas.


La primera es global: ¿persistirá El Niño?


La segunda es regional: ¿qué efectos producirá, con qué intensidad y durante cuánto tiempo en un lugar determinado?


El error surge cuando la respuesta a la primera pregunta se utiliza como si resolviera también la segunda.


Una probabilidad científica no constituye una promesa sobre el futuro. Es una medida de confianza destinada a ordenar escenarios posibles a partir de la evidencia disponible.


Por qué los efectos cambian de una región a otra


El Niño altera relaciones climáticas de gran escala, pero ningún territorio existe aislado de sus propias condiciones meteorológicas, geográficas y atmosféricas.


Los efectos finales dependen de la interacción entre el fenómeno global, la variabilidad regional y otros factores concurrentes. Por ello, una previsión general sobre El Niño no basta para atribuir consecuencias precisas a España o a cualquier otra región sin recurrir a previsiones meteorológicas específicas.


La información disponible no permite determinar impactos concretos para España, América Latina o los mercados agrícolas. Para ello serán necesarias las sucesivas evaluaciones regionales de AEMET y de los correspondientes servicios meteorológicos latinoamericanos.


Esta cautela protege frente a dos errores simétricos.


El primero consiste en anunciar que una región sufrirá necesariamente un determinado desastre porque El Niño se encuentra activo.


El segundo, en considerar irrelevante el fenómeno porque no puede saberse con exactitud qué ocurrirá en cada territorio.


Entre ambos extremos se encuentra la planificación probabilística: revisar escenarios a medida que aparecen nuevos datos y adoptar medidas proporcionadas a la evolución del riesgo.


El Niño no es el cambio climático


El Niño y el cambio climático no son conceptos equivalentes.


El primero pertenece a la variabilidad del sistema climático y está estrechamente vinculado a la dinámica del Pacífico ecuatorial. El segundo alude a una transformación más amplia y persistente del clima.


Distinguirlos no significa negar que puedan interactuar.


Para comunicar correctamente un episodio extremo conviene separar, al menos, tres planos: la existencia y evolución de El Niño; la tendencia general del calentamiento global; y el acontecimiento meteorológico concreto observado en una región.


Una inundación puede producirse durante un episodio de El Niño sin que este constituya necesariamente su única causa. Una ola de calor puede desarrollarse en un contexto climático más cálido sin que resulte intelectualmente riguroso atribuirla de manera exclusiva a una sola variable.


Los sistemas complejos rara vez admiten explicaciones monocausales.


Agricultura: decidir sin esperar certeza absoluta


La agricultura depende de las condiciones meteorológicas y de la disponibilidad de agua, por lo que las previsiones climáticas pueden resultar relevantes para la planificación, los calendarios productivos y la gestión del riesgo.


La información disponible no permite anticipar el comportamiento de cultivos o territorios concretos. No cabe afirmar, por tanto, que una producción determinada vaya necesariamente a aumentar o disminuir.


Sí permite, en cambio, sostener que una probabilidad elevada de persistencia constituye información suficiente para revisar escenarios.


Agricultores y administraciones pueden reforzar la vigilancia, seguir las actualizaciones regionales y preparar respuestas susceptibles de adaptarse a medida que se conozcan nuevos datos.


La prevención no exige predicción exacta.


Tampoco consiste en comportarse como si el peor escenario fuera inevitable. Consiste en reducir vulnerabilidades cuando la evidencia disponible señala un riesgo digno de atención.


Energía: planificar para varios escenarios


Las condiciones climáticas pueden alterar las necesidades de generación, el consumo y la gestión de determinados recursos. Sin embargo, la previsión general sobre El Niño no permite deducir por sí sola una evolución concreta de la demanda energética.


Su utilidad se encuentra en otro lugar: incorporar la incertidumbre a la planificación.


Empresas y autoridades pueden revisar escenarios de demanda, disponibilidad y continuidad operativa sin apostar todos sus recursos por un único resultado futuro.


El 97 % de probabilidad de persistencia no indica cuánto variará el consumo de energía en una determinada región. Sí aconseja mantener una vigilancia estrecha sobre las sucesivas actualizaciones y coordinar la información climática con los procesos ordinarios de planificación.


Seguros: convertir incertidumbre en riesgo calculable


El sector asegurador trabaja, por definición, con probabilidades. No necesita conocer qué siniestro concreto ocurrirá para evaluar una determinada exposición al riesgo.


Una previsión climática modifica el conjunto de escenarios plausibles y puede justificar la revisión de determinadas hipótesis de planificación, aunque la información disponible no permita establecer medidas concretas para el mercado asegurador.


La distinción entre riesgo e ignorancia resulta aquí especialmente clara.


Cuando existen probabilidades informadas, las decisiones pueden apoyarse en evidencia aun cuando sea imposible anticipar cada acontecimiento individual.


Eso tampoco autoriza a atribuir automáticamente a El Niño cualquier daño que se produzca durante su vigencia. La atribución de un episodio concreto exige un análisis igualmente concreto.


Salud pública y emergencias


Los servicios sanitarios y de emergencia también necesitan anticipar presiones potenciales antes de que estas se materialicen.


Una previsión climática de gran escala puede orientar la vigilancia y la coordinación, pero no sustituye a los pronósticos meteorológicos regionales ni a las previsiones de corto plazo.


La información disponible no identifica consecuencias sanitarias específicas ni permite anticipar una emergencia determinada. Sí ofrece una enseñanza general sobre la gestión prudente de la incertidumbre: las instituciones pueden establecer umbrales de actuación y graduar sus respuestas conforme aumente la evidencia.


Así se evitan dos defectos opuestos: reaccionar cuando ya es demasiado tarde o activar respuestas máximas ante cualquier señal preliminar.


El problema de comunicar una cifra tan elevada


El 97 % posee una enorme eficacia comunicativa. Precisamente por eso exige cautela.


Puede convertirse con facilidad en un titular que sugiera una «certeza de catástrofes». También puede trivializarse bajo el argumento de que, si no sabemos exactamente qué ocurrirá en cada región, el pronóstico carece de utilidad.


Ambas interpretaciones son incorrectas.


Una comunicación rigurosa debe responder, al menos, cuatro preguntas: qué fenómeno se pronostica; a qué corresponde exactamente la probabilidad anunciada; qué consecuencias permanecen abiertas; y cuándo volverá a actualizarse la evaluación.


En este caso, NOAA atribuye una probabilidad del 97 % a la persistencia de El Niño hasta comienzos de la primavera de 2027. Los efectos regionales concretos no quedan determinados por esa cifra y la siguiente actualización estaba prevista para el 13 de agosto.


La fecha importa.


Los pronósticos científicos no son declaraciones inmutables. Constituyen evaluaciones provisionales que cambian cuando cambian las observaciones, los modelos o la evidencia disponible.


La incertidumbre también es conocimiento


En el lenguaje cotidiano, reconocer incertidumbre puede parecer una señal de debilidad. En ciencia ocurre exactamente lo contrario: explicitar los límites de una conclusión forma parte de su rigor.


Un pronóstico no afirma que el futuro vaya a desarrollarse exactamente de una manera determinada. Expresa que, dada la información disponible, algunos escenarios poseen mayor probabilidad que otros.


Este conocimiento resulta particularmente importante en la acción pública y privada, porque muchas decisiones deben adoptarse antes de conocer el resultado definitivo.


Esperar una certeza absoluta puede equivaler a renunciar a la prevención.


Actuar como si toda posibilidad fuese inevitable conduce, en cambio, al alarmismo y a una mala asignación de recursos.


La decisión prudente exige ponderar la probabilidad, la gravedad potencial de las consecuencias, el coste de prepararse y la posibilidad de adaptar las medidas posteriormente.


El Niño ofrece un ejemplo especialmente ilustrativo: es posible disponer de una previsión global de alta confianza y conservar, al mismo tiempo, una incertidumbre considerable sobre algunas de sus manifestaciones regionales.


No hay contradicción alguna entre ambas cosas.


Conclusión


La incertidumbre científica no equivale a ignorancia.


NOAA atribuyó un 97 % de probabilidad a la persistencia de El Niño hasta comienzos de la primavera de 2027. El índice semanal Niño 3.4 alcanzó una anomalía de +1,2 °C y la Organización Meteorológica Mundial había señalado condiciones oceánicas favorables al fortalecimiento del episodio.


Estos datos no permiten anticipar cada sequía, inundación u ola de calor. Tampoco autorizan a atribuir automáticamente cualquier episodio extremo al fenómeno ni a establecer consecuencias concretas para España sin previsiones regionales específicas.


Pero sí proporcionan conocimiento útil.


Una previsión de elevada confianza permite preparar escenarios, aumentar la vigilancia y adaptar decisiones antes de que todas las consecuencias sean visibles.


Esa es, en último término, la función intelectual de un pronóstico científico: no abolir la incertidumbre, sino ordenarla.


Y permitir que actuemos mejor precisamente porque conocemos tanto lo que sabemos como los límites de lo que todavía podemos saber.


Bibliografía


  • NOAA Climate Prediction Center. Actualización sobre El Niño del 5 de agosto de 2026.

  • Organización Meteorológica Mundial. Comunicaciones sobre las condiciones oceánicas y la preparación ante El Niño.

  • Associated Press. Contexto científico sobre El Niño y su interacción con el calentamiento global.


Lecturas recomendadas


  • Actualizaciones periódicas del NOAA Climate Prediction Center.

  • Informes de la Organización Meteorológica Mundial sobre El Niño y preparación preventiva.

  • Previsiones regionales de AEMET y de los servicios meteorológicos latinoamericanos.

  • Cobertura científica de Associated Press sobre El Niño y su relación con el calentamiento global.

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